Estos tres intensos días nos han permitido no sólo recordar y revivir el episodio histórico más dramático para el pueblo gitano, sino también reflexionar sobre los retos que todavía tenemos que afrontar como comunidad.

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Peter ha revivido con nosotros algunas de sus más trágicas experiencias vitales. Ha compartido sus recuerdos personales, su dolor. En su figura se ha encarnado el sufrimiento del pueblo gitano y, a través de sus palabras,  hemos podido entender más profundamente la dimensión de una tragedia menospreciada, olvidada por la Historia y que sigue siendo, indirecta y sutilmente, una realidad cotidiana.

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El hecho de recordar estos eventos históricos, es no solo un ejercicio de reflexión colectiva. Es, primero y ante todo, una manera de mantener viva nuestra identidad, contribuyendo de esta manera a la promoción de la diversidad en todo el mundo y, en consecuencia, combatiendo la discriminación, que siempre es, como dijo Nazzareno, el resultado del rechazo a la diversidad.  A través de la diversidad lingüística y de la diversidad de cosmovisiones, el hombre multiplica sus habilidades para afrontar (a menudo de manera inesperada) los retos de la vida, e incrementa su harmonía con este planeta. Esto significa que se trata de una herramienta no solo para pueblos con una identidad no dominante (como es en nuestro caso) sino para toda la humanidad.

El olvido ha sido el mecanismo utilizado para dejar de lado al pueblo Romaní, negando la historia Romaní y menospreciando su identidad colectiva. Esto conlleva una gran pérdida no solo para los Rroms sino también para Europa entera.

El genocidio de los Roms, o Samudaripen en lengua Rromaní, no debería solo ser descrito en término de cantidad o valor numérico – probablemente entre 500.000 y 600.000 víctimas Romaníes directamente asesinadas. No puede solo ser entendido completamente sobre la mera base del número de víctimas asesinadas. En otras palabras, es necesario subrayar el aspecto cualitativo del Samudaripen y señalar la magnitud de todo el sufrimiento indirecto causado a nuestro pueblo, incluyendo a los supervivientes y a la comunidad entera. Permitidnos destacar que los Rroms eran considerados, como explicó Marcel Courthiade, “contenidos de vagones de mercancías” (a veces incluso sin contabilizar) o “excedentes de eliminación”. Él también detalló 15 elementos que llevaron al “olvido” del genocidio. Décadas después de la guerra, las autoridades alemanas todavía negaban el carácter racial del decreto de Himmler sobre Auschwitz-Erlass y justificaban sutilmente sus acciones criminales.

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Es también crucial hacer circular el término Samudaripen (o Sa- Mudaripen), como el nombre Rromaní real para referirse al genocidio, y descartar el concepto judío fundamentalista de “Holocausto”, cargado de sentimientos teológicos providencialistas (y como tal rechazado por muchos judíos, quienes lo llaman Shoah) así como el también inadecuado término de Porrajmos.

Gracias a Aldo Rivera y Iovanca Gaspar, pudimos entender por qué todo este sufrimiento causado por el Samudaripen todavía está presente en nuestras vidas cotidianas: por qué y cómo se transmite de generación en generación en forma de experiencias traumáticas y frustración; no solo para el individuo y su familia, sino también en los niveles social y colectivo; cómo el horror comenzó a formar parte de las víctimas y cómo se fue extendiendo a su red social y familiar, compartiéndolo con jóvenes Rroms desde el primer momento.

La negación de la identidad Rromaní es todavía una realidad palpable en el siglo XXI, pero el pueblo Rromaní es conocido por ser sorprendentemente capaz de superar el dolor y reinventarse a sí mismo, gracias a su capacidad para recuperarse a través de la vida creativa, la música, el arte, el trabajo, la familia y la comunidad. Y, en última instancia, por su capacidad de seguir vivo y de seguir en pie.

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La integración, en su significado genuino, es un reconocimiento respetuoso y simétrico de las dos partes del proceso y, por consiguiente, no puede ser alcanzada sin el reconocimiento de los valores, la herencia, la historia real (no leyendas contadas por extraños), la cultura, la creatividad y la contribución a Europa, incluyendo los resultados económicos. En una palabra, la realidad de nuestro pueblo.

Tal reconocimiento no debería ser un simple acto de declaración, sino que debería ser incluido en los currículums de las escuelas, en la cultura general y, en última instancia, en la conciencia básica de la sociedad en su conjunto.

Nosotros debemos estar orgullosos de ello, y debemos estar también orgullosos de formar parte de una comunidad que es ejemplo de integración y convivencia, porque nunca hemos sometido a otros pueblos. El pueblo Rromaní siempre ha estado bien integrado, preservando sus valores y herencia mientras compartía los de la población mayoritaria, excepto cuando fueron excluidos, expulsados, encarcelados, esclavizados, asesinados o tratados como enemigos innatos de la población general. Desafortunadamente, este hecho histórico es raramente conocido por la sociedad, siendo esta negación una expresión políticamente correcta de la moderna gitano-fobia.

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Gracias a Violeta y Ochita, Sandra, Nazzareno, Ana Dalila… hemos recordado que el Samudaripen no fue solo cosa de Alemania, porque muchos otros países jugaron un rol activo para conseguir nuestro exterminio. Y es solo ahora cuando algunos de estos países comienzan a pedir perdón. La excelente película de 45 minutos DUJ RROMA, con Hugo, el hermano de Peter (otra víctima del Samudaripen) como protagonista, hace palpable el día a día en Auschwitz-Birkenau. Por eso debería circular ampliamente con subtítulos multilingüísticos (disponible hasta el momento en 10 lenguas) a través de las escuelas y otras instituciones educativas alrededor de toda Europa.

El pueblo Rromaní ha sido presentado socialmente a lo largo de la Historia en términos peyorativos, siendo sujetos de negación cultural y rechazo de su identidad. Cuando se pregunta  a las autoridades por qué no se han llevado a cabo acciones para defender activamente al pueblo Rromaní, la única respuesta es el silencio. No podemos aceptar más ese silencio. Tenemos que reclamar la incorporación de toda nuestra Historia, no solo del Samudaripen, en los currículum de las escuelas, institutos y universidades, sobre la base del actual estado de la cuestión, no repitiendo las leyendas del pasado.

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Las autoridades deberían ser conscientes del error cometido, deberían pedir perdón de una vez por todas, y deberían poner en marcha mecanismos para asegurar que este tipo de atrocidades nunca sucedan de nuevo, a nadie. Pero la realidad es que el anti-gitanismo sigue vivo de una manera moderna, progresando a menudo bajo la forma de gitano-fobia “miedo de los gitanos” (principio preventivo). La gitano-fobia no es, de hecho, un miedo a los gitanos reales, sino un miedo a la ficción creada por una sociedad inmersa en numerosos estereotipos, que identifica de manera muy directa el peligro con la comunidad gitana.

Esta ficción construida de los peligros gitanos es claramente más vendible que el tradicional “odio a los gitanos” y, bajo estas nuevas vestiduras, la discriminación permanece en muchos lugares. El pueblo Rromaní es todavía tratado de manera inhumana, porque el clásico discurso antirracista ya no se adapta a las nuevas olas de intolerancia, que van creciendo bajo renovadas apariencias, entrelazadas a menudo con la corrupción, sea financiera o ideológica.

Necesitamos ser capaces de pensar como comunidad, como pueblo. Es necesario reflexionar sobre lo que podemos hacer para revertir esta situación. Dar charlas sobre el Samudaripen en escuelas y universidades, donde casi nadie lo conoce, es una manera pacífica y eficiente de lograr cambios cruciales. Por el contrario, olvidar el Samudaripen sería peligroso, porque nos dejaría indiferentes y, como resultado, seríamos mucho más vulnerables a la injusticia. Recordar el pasado, transmitirlo a las generaciones futuras e incrementar la visibilidad del problema entre la gente, nos permitirá prevenir que el horror se repita.

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Además, tenemos que superar el victimismo e ir más allá, enfatizando ejemplos de Rroms que hayan jugado o que jueguen un rol importante como actores políticos y que pueden cambiar realidades. Además, es importante que nuestro pueblo sea cada vez más consciente de su capacidad real para influir en la Historia.

Como ya hemos señalado, somos una comunidad pacífica, un ejemplo a seguir, nunca hemos sometido a nadie, al contrario, nuestra existencia es una lección de Humanidad para la Historia. Por eso, se necesita que juguemos un rol activo en nuestras sociedades.

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¿Qué podemos y debemos hacer?

Tenemos que recordar el pasado y hacerlo visible, además, tenemos que reclamar una compensación por el daño. La memoria es la herramienta que nos permite prevenir el anti-gitanismo. Algo (cercano o remoto) similar al Samudaripen no puede volver a suceder y tenemos que combatir activamente cualquier resurgir de tales enfermedades sociales que, desde el rechazo a la diversidad, acaban en genocidios, pasando a través de todas las formas posibles de discriminación.

La restauración de una identidad Rromaní dignificada, que conlleve respeto, alivio de la discriminación y de los consecuentes problemas sociales, depende del reconocimiento y el fomento de la identidad Rromaní, de la lengua y la historia Rromaní, actualmente accesible en el curso online universitario “Restaurar la Dimensión Europea del Rromaní”.

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Para contrarrestar la negación de la historia y la identidad Rromaní, es esencial enseñar su curso real y sus eventos reales, empezando por el éxodo proto-Rrom desde la antigua capital de la India, Kannauj en el 1018, su deportación a Afganistán y Khorassan; sus primeros contactos con europeos durante las Cruzadas; su vida en el espacio bizantino, la Europa Central, la península Ibérica; su esclavitud en Moldavia y la Tara Romaneasca y, definitivamente, el Samudaripen. Un paso podría darse a través de la publicación de una antología de poemas dedicados al Samudaripen en diversos idiomas. Otra excelente manera de ilustrar sería la celebración del milenio del éxodo de los antepasados Rroms desde Kannauj a Madhyadesh y hacer un enorme evento cultural, científico y político de ello. Este sería un buen ejemplo de cómo podemos asegurar la transferencia de conocimiento a los jóvenes Rroms y otros ciudadanos, implicando a la sociedad civil para recordar el pasado y luchar a su vez contra la discriminación y los delitos de odio.

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La recuperación por parte de los Rroms Íberos de la maravillosa y tierna lengua Rromaní es una aventura mayor, a los cuales el curso online RED-RROM contribuiría poderosamente.

Además, necesitamos unir nuestras fuerzas para fomentar el desarrollo de asociaciones de personas romaníes. Tenemos que ser activos en las redes existentes para intercambiar conocimiento, de manera que podamos actuar en conjunto para defendernos frente a la discriminación y la injusticia, dando de esta manera un ejemplo de inspiración a otras naciones. El punto crucial ahora es hacer que nuestra juventud sea consciente de este tema y convencerles para que se organicen con otros Rroms para asegurar nuestros derechos como pueblo, como comunidad.

Una de las acciones que podrían llevar a cabo es subir a Youtube clips que expliquen los resultados de la conferencia (especialmente sobre el uso de la palabra “Samudaripen”) y toda clase de clips lúdico-educacionales sobre nuestra historia, y legado cultural. Es esencial trabajar juntos para dotar de herramientas eficientes y de respuestas adecuadas a las necesidades de la comunidad, para ofrecer alternativas a nuestra juventud y, sobre todo, para ejecutar estrategias efectivas para combatir la discriminación, especialmente la escondida o entrelazada con la corrupción financiera y/o moral.

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En conclusión, esperamos que todas estas reflexiones se conviertan en un esfuerzo cooperativo compartido por las asociaciones Rromaníes, las autoridades públicas y la sociedad civil al completo, para avanzar hacia sociedades renovadas, verdaderamente inclusivas y respetuosas con todos y todas.

 

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